Sobre la temporalidad en el diseño de interacción

Para lograr una adecuada articulación entre el usuario, la interfaz gráfica y el sistema que responde a las acciones ejecutadas, el diseño de interacción debe considerar una serie de elementos. Entre ellos, uno de los más complejos es el tiempo, un intangible que tiene un efecto directo e importante sobre la experiencia de los usuarios.

El diseño del tiempo es muy sensible, ya que éste se expresa en distintas acciones, elementos y transiciones, y una pequeña variación puede hacer una gran diferencia en la experiencia de los usuarios.

Por esto, es importante diseñar los tiempos para que fluyan con naturalidad y no causen molestias a las personas que usan los servicios. A continuación, comparto algunas reflexiones y consejos al respecto.

Diseño abstracto y distante

La forma en que abordamos el diseño de servicios digitales, por ejemplo, haciendo mapas de navegación o wireframes de baja y alta intensidad, corresponde a una visión limitada del proceso de navegación.

Este trabajo representa visualmente la navegación mediante fragmentos estáticos. Para explicarlo mejor, lo que hacemos es descomponer una continuidad natural (lineal) en partes o hitos (puntos) del total. Esto tiene que ver con una tendencia a cosificar y nombrar todo lo que nos rodea, que se relaciona a su vez con la necesidad de categorizar nuestro mundo. Pura arquitectura de información.

Estructuramos los contenidos mediante cajas y flechas porque eso posibilita jerarquizar y ordenar, pero sólo de forma abstracta y distante a la experiencia que verdaderamente tendrían los usuarios al navegar esos contenidos. Lo hacemos así para avanzar de forma ordenada en un proyecto y concentrarnos en los aspectos prácticos del producto final.

El problema es que al centrarnos sólo en los momentos discretos de la interacción, no nos hacemos cargo de la temporalidad. Nos olvidamos que la experiencia se vive entremedio de esos fragmentos y que tiene un nivel de detalle que no aparece en esos esquemas, como los tiempos de carga, las micro interacciones o el feedback visual. En parte, esto nos ocurre porque nuestros lenguajes y herramientas de diseño no nos permiten abordar el tiempo.

La responsabilidad del vacío

Cuando ignoramos el tiempo, dejamos toda la responsabilidad en la imaginación del desarrollador que interpretará las propuestas de diseño e hilvanará los entremedios. Sin embargo, es ahí donde se vive realmente la experiencia y se verifica el servicio diseñado.

Existen algunos lenguajes para la interacción que abordan el tiempo. Por ejemplo, están los diagramas de flujo, donde se recorre la interacción en base a la linealidad de un proceso. Pero en el diseño centrado en las personas, esta herramienta no nos es suficiente poder describir procesos y sistemas. Cuando diseñamos la interacción desde el punto de vista de la UX, necesitamos lenguajes que consideren la participación del usuario más allá de ser un mero gatillante de un proceso.

Nosotros en IDA usamos las partituras de interacción (PiX), porque como lenguaje proponen que el tiempo es el eje principal para diseñar y narrar experiencias en espacios digitales, donde hay personas y sistemas que dialogan entre sí de forma continua. Reconocemos además que es ahí donde yace el valor de un servicio.

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